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Sólo para vos (creo)

Cada vez más personas se filman o fotografían en la intimidad. Casi siempre es una práctica consensuada y por placer; y riesgosa.

A Jorge le gustaba filmarse y filmarlas teniendo relaciones sexuales. Sus parejas lo consentían, con mayor o menor entusiasmo. "Es para vernos después y recordar el momento", las convencía Jorge (el nombre es ficticio, la situación no). El problema es que más de una vez esos videos fueron vistos por sus amigos más cercanos, sin que ellas lo supieran. "Era para pasar el rato con los muchachos, cosas de guacho", dice hoy, casado y a los 41. ¿Afán exhibicionista? ¿Ganas de que "los muchachos" sintieran algo parecido a la envidia? "Joder, nada más".

Los expertos sostienen que es más frecuente que este tipo de imágenes sean tomadas de común acuerdo y no subrepticiamente. El placer, inmortalizarlo, es el fin último. En la mayoría de estas situaciones "las personas manifiestan que la motivación se encuentra fundamentalmente en el alto componente erótico en sí que les produce el mostrarse en dicha circunstancia solo para su pareja o con su pareja", dice el psicólogo y sexólogo Ariel Amaro, vicepresidente de la Sociedad de Estudios Superiores de Sexología (Sessex). Claro que ese pacto de intimidad se basa únicamente en las palabras. Y se sabe lo que puede pasar con las palabras. "Hay quienes encuentran su propia excitación exhibiendo a su pareja o a una situación erótica de ambos", agrega Amaro.

Jorge un día simplemente dejó de hacerlo. Una de las chicas inmortalizadas en porno casero y formato VHS terminó siendo su novia. Cuando la presentó formalmente a la barra, muchos no sabían cómo mirarla: la conocían más de lo que a ella le hubiera gustado. Para él, la cosa nunca pasó de ser una picardía veinteañera. "Jamás se me hubiera ocurrido subir nada de eso a Internet", jura.

Claro que en los años en los que él tenía inclinaciones fílmicas, Internet no era lo que es hoy, los celulares eran analógicos y las redes sociales como Facebook ni siquiera estaba en la imaginación de Mark Zuckerberg.

Ver y ser visto. Hay algo de exhibicionismo, voyeurismo y también de una variante light del candaulismo, que sería exponer imágenes íntimas de la pareja a ojos de terceros.

Para ponerle sal a una relación o incluso para juguetear con la posibilidad de ser descubierto. Mucho antes de que el sexting se popularizara, estuvieron las fotografías. "Documentarse" en el acto sexual o en poses eróticas no nació con Internet, pero la tecnología -cámaras digitales y celulares multiuso mediante- también se puso al servicio del voyeur. Y también aumentó la magnitud del riesgo.

Esta práctica es cada vez más frecuente. "El tema es que las nuevas tecnologías lo permiten", señala el sexólogo y psicólogo Andrés Caro Berta, presidente de la Federación Uruguaya de Sexología. "También hay una estimulación desde los medios masivos de comunicación que fomentan, como erotizante, el filmarse y luego verse". Un estudio entre adolescentes en Estados Unidos reflejó, en 2012, que 28% había enviado a través de su celular, correo electrónico o redes sociales una foto de ellos desnudos.

Es más peligroso, también. "Cuando alguien se filma o fotografía en su intimidad no hay conciencia del riesgo que se está corriendo. Nadie toma en consideración que eso que creemos tan privado como una computadora o un celular fácilmente puede ser vulnerado por algún experto, o que podemos perder el objeto que tiene el material `comprometedor`", sostiene la psicóloga Mariana Alvez Guerra.

Por supuesto que hay riesgo sin necesidad que un aparato sea robado ni que intervenga experto en computación alguno. "Hay inconsciencia porque nunca se sabe qué puede pasar más adelante", señala Caro Berta. "De pronto hoy hay una buena relación entre dos, pero luego ocurre una separación y una de las partes busca dañar al otro".

Carolina (27, el nombre también está alterado) posó varias veces para su exnovio. Fotos "lindas", así las llama: semidesnuda, haciendo "caritas", en penumbra, "nada ordinario". Era solo un juego íntimo en el que participaban los dos. Ella borró de su computadora las copias que tenía; él, no sabe, nunca le preguntó. No cree que su ex le propine semejante golpe bajo. "No terminamos tan mal", suele tranquilizarse. No es algo que esté todo el tiempo en su cabeza; pero cuando ocurren episodios como la difusión de un video íntimo de la boxeadora Chris Namús, en septiembre pasado, un sudor frío le recorre el cuerpo.

Víctimas

Hay un motivo extra para que alguien como Carolina esté aprensiva. Cuando se filtran imágenes eróticas o sexuales, el escándalo se multiplica si la protagonista es mujer. Casos como los de Florencia Peña, Demi Lovato, la ya citada Namús o una funcionaria universitaria conocida como Silqui dan fe de ello. Para utilizar dos figuras que están a la par, se han difundido desnudos no autorizados de Scarlet Johansson y de Colin Farrell; no hace falta decir cuál tuvo más repercusión.

"Hay una mentalidad machista en nuestra sociedad que hace que sea bien visto el hecho de que un hombre pueda estar en estas imágenes con mujeres, mientras que no es considerada la mujer de la misma forma. Además, el hombre en la intimidad es más tendiente a observar y la mujer a mostrar, por lo cual es más común que sea el hombre quien fotografíe y la mujer sea la modelo", sostiene Amaro.

Culturalmente, el erotismo y el sexo femenino se han llevado mucho mejor. "Los hombres somos muy pobres en cuanto a lo erótico en nosotros mismos, por lo general", agrega Caro Berta. Los parámetros sociales clásicos -hombre promiscuo: ganador; mujer liberal: atorranta- se mantienen enhiestos y evolucionan a bastante menos velocidad que las tecnologías en cámaras y celulares. "Todavía vivimos en una sociedad machista, donde la mujer que desea hacer un uso consciente de su sexualidad a veces es juzgada duramente. Sin embargo, los mismos que critican son los que disfrutan observando algún material que se pueda llegar a filtrar en la red", dice -sin ocultar el fastidio- la psicóloga Alvez Guerra.

Todos tenemos una mente perversa

Con las filmaciones o fotografías eróticas "hay una búsqueda de exhibición y voyeurismo. Este par forma parte de las perversiones humanas, lo que no significa que esté mal", dice el psicólogo y sexólogo Andrés Caro Berta, quien puntualiza que el término perversión proviene del griego y significa "otro camino". "¿Otro camino a qué? Al tradicional que es la unión genital en busca de la procreación. Entonces, todo aquello que no busque el embarazo y sí apunte al disfrute sexual es perversión". Así, afirma, "todos somos perversos porque buscamos placer a través de distintas prácticas y juegos sexuales".

Para poder retenerlos

"En algunas mujeres, la motivación está en la necesidad de retener a la pareja ante una posible rival sexual. En estos casos, la persona se fotografía a sí misma y luego le exhibe o envía dichas imágenes a su pareja con el fin de motivarlo sexualmente para que sea la elegida", dice el psicólogo Ariel Amaro, vicepresidente de Sessex. Cuenta el caso de una mujer de unos 25 años, un alto nivel jerárquico en una empresa, "que estuvo enviando periódicamente imágenes propias, tomadas por ella misma, al padre de su hijo. Ella sabía que él tenía relaciones con otras mujeres". Esas imágenes, desnuda o en ropa íntima, eran enviadas "a fin de retenerlo".

Su colega Mariana Alvez sostiene que los hombres son "muy visuales" en la intimidad y ellas "se sienten más deseadas cuando son objeto de la mirada de su pareja".

De galán a vapuleado

"¿Así que querías grabar? Vamos a grabar...".

Internet está lleno de aspirantes a galanes dejando en ridículo a sus chicas. Por una vez, la historia se dio vuelta. A principios de este año se viralizó el video de un joven brasileño, de poco más de nueve minutos, que aparece preparando el terreno para filmarse teniendo relaciones sexuales con su novia. Le habla en primer plano a la cámara, a la que luego esconde apuntando a su cama. En determinado momento, la joven -mucho más robusta que el muchacho, bastante enclenque- se da cuenta del engaño. Lo que siguió es una humillante paliza que lo dejó, entre súplicas y lloriqueos, a la altura de un felpudo. Sin bien hay quien duda que todo haya sido una actuación, las decenas de miles de visitas de las distintas versiones del video dan fe que la "venganza" fue celebrada.

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